sábado, 27 de junio de 2009

Metro Estación Altamira

Esta fotografía es de la estación del Metro Altamira cuando era construida. Se puede apreciar la magnitud de la obra si comparamos el enorme tractor en el fondo de la fosa.

Cuando tomé esta foto un amigo me criticó, porque había que pasar por un "puentecito" que usaban los obreros y daba vértigo, entonces el no le veía el sentido a esta foto, hoy que opina usted?.

La foto fue tomada con una cámara Nikon FE de 35 mm, con película diapositiva Kodak.

Avenida Bolivar de Caracas


Esta fotografía fue tomada a final de los años 80, desde el puente que comunica el Hotel Hilton con Parque Central.

En esa época se podía cargar una cámara (Nikon FE) con trípode. Hoy día es dificil hacer esto sólo, estaríamos expuestos a la delincuencia, es triste.

Plaza Venezuela Nocturna


De mi colección de diapositivas, serie de nocturnas, esta foto fue en dic 1990, la recuerdo porque fue a pocos días del fallecimiento de Baudilio Díaz, figura de nuestro beisbol.

martes, 16 de junio de 2009

Esquina La Torre


Fotografía Pierre García Barre

Esquina donde queda La Catedral de Caracas. En el momento de la fundación de la ciudad, en 1567, se construye la primera iglesia parroquial del país: la Catedral de Caracas.
Su construcción se diferencia de las otras catedrales de América debido a que la provincia de Venezuela no contaba con los recursos económicos de las otras naciones. Su estilo colonial y sobrio es producto de las múltiples remodelaciones sufridas después de los tantos terremotos que destruyeron la ciudad y de las incursiones de corsarios y piratas que atacaron las costas de La Guaira y la ciudad de Caracas.

Las obras de arte de la Catedral de Caracas son múltiples y de un gran valor religioso. En ella fue bautizado Simón Bolívar el 30 de julio de 1783, y allí reposan los restos de los padres y la esposa de Simón Bolívar.

Esquina Las Gradillas

Fotografía Pierre García Barre

Según cuentan esta era considerada como una de las esquinas más elegantes de Caracas. La elite social se paseaba con sus mejores trajes para mirar y ser vistos. Esta esquina fue ubicada posteriormente cerca de la plaza Bolívar.

Un doctor de nombre Juan Pérez Aristeguieta construyó una amplia y hermosa casa, y al morir se la legó a Simón Bolívar. Luego, la venta de la casa produjo el primer ingreso en efectivo utilizado por Bolívar en la Guerra de Independencia.

El nuevo dueño convirtió la propiedad en un pequeño centro comercial y la esquina perdió un poco su elegancia. Sin embargo, las Gradillas continuó siendo un sitio para escritores, poetas, y el paseo favorito de mujeres hermosas.


viernes, 12 de junio de 2009

A propósito del Sambil La Candelaria

| Fotografía Juan Salas |

En La Candelaria hay polémica por El Sambil, unos lo quieren otros lo critican, lo cierto es que hemos visto que esta constructora ha mejorado de forma sustancial los alrededores, se han aumentado los canales de circulación y las aceras ahora muy amplias para el esparcimiento de los ciudadanos, cuestión que no se veía en esta zona en muchos años.

Nuestra inquietud es el cambio de uso que se le quiere hacer a esta edificación después de terminado bajo el diseño de centro comercial, no se vaya a meter la pata y tener otro elefante blanco como muchos edificios en Caracas.

En la Avenida Andrés Bello al lado de la Torre Mercantil hay un edf. bastante grande, muy terminado, según se comenta propiedad de Fogade que tiene muchos años abandonado, en la actualidad está invadido por mendigos que hasta han modificado algunas fachadas (ver foto), en fecha reciente lanzaron objetos contundentes a la avenida hiriendo a varias personas. Nos preguntamos, porqué no aprovechamos esta edificación para hacer una universidad, o mejorar los establecimientos de algunos tribunales, etc.?.

Son incoherencias que se ven en nuestra ciudad.

sábado, 6 de junio de 2009

El Gran año de Caracas


Ana Mercedes Pérez, una gran periodista ya desaparecida, solía decir que 1906 era el año del progreso porque había llegado junto con el alumbrado, el primer tranvía, la primera limosina y un avión biplano voló sobre el valle de Caracas. Esos acontecimientos señalaban justamente el progreso. Pero, de todas estas cosas que cambiaron la suerte de la sociedad venezolana, la del tranvía tiene particularidades muy periodísticas y hasta pintorescas.

El inglés que trajo el tranvía estableció como truco publicitario (para que la gente se montara) el pasaje gratis. De La Candelaria a la plaza Bolívar no se pagaba el viaje. Pasaje gratuito para quitarle el miedo al futuro usuario. Como estaban acostumbrados a los tranvías de “caballito”, que eran arrastrados por mulas y que, por supuesto, en lugar de un motorista y un colector tenían un cochero que actuaba también de colector, entonces la gente cuando veía aquello caminando solo con unos rieles decía: “Estas son cosas del demonio” y salía corriendo.

LOS PICONES

Muchas personas se daban cita en la plaza Bolívar a eso de las seis de la tarde para ver subir el tranvía. Desde Cují hacia arriba. Todos comentaban: “Estas son cosas de fin de mundo, fíjate que parece un monstruo”. Los caballeros, por supuesto, no desaprovechaban la oportunidad que le daba el tranvía para agarrar “picones”. “Picones” era cuando usted se ponía a observar a una dama y le veía cierta parte del cuerpo, es decir, cuando las mujeres tenían que bajarse del tranvía, para no enredarse, simplemente se recogían la falda y entonces los tipos aprovechaban de verles los tobillos. Claro, las coquetas se subían las faldas un poquito más.

EL MORROCOY

En aquella Caracas que estrenaba tranvía sucedían cosas sumamente raras. El motorista pasó a reemplazar lo que muchos años después fue el locutor. Es decir, era el “príncipe azul” de todas las mujeres, las cuales exclamaban: “¡Qué hombre tan valeroso!”. Los motoristas también tenían arranques de valor. Cuando iban a El Paraíso los muchachos traviesos gritaban, por ejemplo, si el tipo se llamaba Marcos: “Maestro Marcos ¡Métale los nueve puntos!” y el hombre le daba a la manilla y metía nueve puntos y el tranvía comenzaba a “bambolearse”.
Al tranvía lo llamaban morrocoy porque era muy lento. Además, en los desvíos se “cambiaba la percha” y muchas veces cambiándola usted tenía que esperar veinte minutos o una hora porque no llegaba el otro tranvía y tenían que esperar que pasara para poder continuar.


Fuente: Oscar Yanez - Así son las cosas...