martes, 4 de junio de 2013

Caracas: nuestra casa grande


¿Qué sienten ustedes cuando van por la calle, caminando o en el carro, y ven a alguien lanzando papeles en la acera? ¿O tirando la colilla del cigarro? ¿O el envoltorio de la hamburguesa, la lata de la que están bebiendo o cualquier otro empaque? A mí, inevitablemente, me viene una pregunta a la mente: ¿esa persona hará eso en su casa? Porque cuesta creer que alguien, por más despreocupado que sea, no mantenga su hogar limpio.


¿Por qué no ha calado en los ciudadanos la necesidad de mantener nuestros espacios públicos impecables? ¿Por qué no tratamos a la ciudad con la bondad y el cariño que le ponemos a nuestras casas? Basta caminar por cualquier calle, para que comencemos a sortear todo tipo de inmundicias que hacen que Caracas huela mal. Huele a baño público –de los bien sucios. Son contados los rincones de la ciudad que no expidan olor a rancio, a orines acumulados. No sé si a ustedes les habrá pasado; pero, a mí me ha ocurrido, cuando he tenido que ir a algunos centros comerciales en las horas pico y sólo hay disponibles puestos en los lugares más remotos, que al bajar del carro lo primero que me golpea el olfato es la hediondez. Y es que muchos caballeros, con el mayor de los desparpajos, no tienen miramientos a la hora de echar una meadita. Por supuesto, el resultado es que el puesto de estacionamiento, cuyo fin es albergar nuestro vehículo, expele la fetidez propia y rancia de quien asumió  como baño un sitio que no es. Señores, esa costumbre de ir orinando donde se les antoje no está bien, con el agravante de que impregna nuestra ciudad de un aroma repulsivo. Es verdad que, a diferencia de otros países (los desarrollados, esos de los que sí deberíamos copiarnos algunas cosas) aquí no abundan los baños públicos en buenas condiciones y pulcros. Sin embargo, hay maneras de resolver la urgencia. El asunto se ha vuelto "tan público y notorio" que hay dos sectores de la autopista Prados del Este en donde no es raro ver, a cualquier hora, taxistas, motorizados y camioneros, dando rienda suelta a sus necesidades fisiológicas. Y eso por tan sólo poner como ejemplo ese lugar tan transitado. Pero, sin duda, esto se repite a lo largo y ancho de nuestra urbe.

En cuanto a la basura, la historia no es muy distinta. Caracas está sucia. Sigue sucia. Se ve sucia. Y en parte es responsabilidad de todos. No es sólo responsabilidad de las Alcaldías. De nada vale tener cuadrillas barriendo y recogiendo desperdicios si más atrás, nosotros, seguimos ensuciando. ¿Es que acaso no queremos nuestra ciudad? ¿No nos duele verla así de sucia y deteriorada? Porque, déjenme decirles algo: Caracas está deteriorada... "no está envejeciendo con gracia" como alguna vez escuché decir a un arquitecto cuyo nombre lamento no recordar.

Aprovecho incluso estas líneas para hacer un llamado a los dueños de mascotas que sacan a sus perritos a pasear: ¡acostúmbrense a recoger los desechos de sus animalitos! Dejarlos en las calzadas, en otros países civilizados, les acarrearía multas.

Por eso he venido insistiendo todas las mañanas, cuando estoy haciendo el programa de radio, que debemos "Cuidar Caracas que es nuestra casa grande". Porque, yo supongo, que todos nosotros, en nuestras casas, no andamos lanzando los papeles al piso. Tratamos de mantener todo en orden y limpio. ¡Es lo mismo que debemos hacer con la ciudad! Y desde que arrancamos con esta iniciativa, que por ahora es tan sólo un llamado de conciencia -esa conciencia ciudadana y de convivencia que tanta falta nos hace- el mensaje ha tenido eco en compañeros de la radio quienes, poco a poco, se han ido sumando a la campaña. Falta que se materialice con hechos. Incluso que se extienda a todo el país porque, imagino, habrá más ciudades padeciendo el mismo abandono.

Recientemente, leí una entrevista que le hicieron a Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá y consultor en temas urbanos, quien no dejó de destacar las bondades que tiene Caracas "y que podrían convertirla en una ciudad ejemplar". Pero nos golpea la inseguridad (somos la tercera ciudad más violenta del mundo) y el desorden. Según Peñalosa, para neutralizar la inseguridad es necesario que la urbe se vuelva "más ordenada, más limpia e iluminada", atributos de los que adolecemos.

Por eso, insisto todos los días: "Todos a cuidar Caracas, nuestra casa grande" porque, cada uno de nosotros, puede hacer la diferencia. Hagamos cuadrillas de vecinos y dediquémosle un día a la cuadra de nuestra urbanización. Llevemos el mensaje a las escuelas, sembremos en nuestros niños el amor y el respeto por nuestros espacios públicos libres de basura. Trabajemos por una ciudad más humana, más digna. Y extendamos esta campaña por cada rincón de Venezuela porque, si no la cuidamos nosotros, entonces ¿quién?


Fuente: José Domingo Blanco \ Periodista y Locutor / El Universal; 31.05.13


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